Calculadora de Amortización Lineal y Depreciación de Activos: Contable, Fiscal y la Diferencia que tu Contador Vigila
La única calculadora que resuelve el verdadero dolor de cabeza de la depreciación: calcula la contable (NIF/NIIF) y la fiscal (SAT, SUNAT, AEAT) por separado, aplica el tope de automóviles de México, y te muestra la diferencia temporal que genera el ISR diferido. Con tabla completa año por año y valor en libros. Para toda Latinoamérica y España.
Elige un modo: depreciación contable (NIF/NIIF), fiscal por tasas oficiales, o el comparativo que revela la diferencia temporal y el ISR diferido.
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Contenido Educativo sobre la Amortización Lineal y la Depreciación de Activos
Cuando una empresa compra una camioneta de reparto, una máquina para el taller o una flotilla de computadoras, ocurre algo que muchos dueños de negocio no ven venir. Ese activo, que hoy vale lo que pagaste por él, empieza a valer un poco menos cada día que pasa. Se desgasta, envejece, queda obsoleto. Y la contabilidad, que existe para reflejar la realidad económica de tu negocio, no puede fingir que la camioneta que compraste hace tres años sigue valiendo lo mismo. Ese reconocimiento ordenado y sistemático de cómo un activo pierde valor con el tiempo tiene un nombre, es una de las herramientas más poderosas para pagar menos impuestos de forma legal, y sin embargo es una de las que peor se manejan en la pequeña y mediana empresa de Latinoamérica: se llama depreciación.
La amortización lineal, o depreciación en línea recta, es el método más usado del mundo para hacer justo eso: repartir el costo de un activo a lo largo de los años que te sirve, en lugar de cargarlo todo de golpe. La idea de fondo es de sentido común. Si compras una máquina que te va a durar diez años, no tiene sentido registrar todo su costo como gasto el primer año y nada los otros nueve; lo lógico es reconocer una décima parte cada año, acompañando el ritmo al que la máquina te ayuda a generar ingresos. Esta guía existe para que entiendas la depreciación como la entiende un contador experimentado: no como un trámite molesto, sino como una decisión que afecta tus estados financieros, tu flujo de caja y, sobre todo, cuánto impuesto pagas. Y para que domines la distinción que hace tropezar a casi todos: la que existe entre la depreciación contable y la fiscal.
La fórmula: simple, pero con un detalle que muchos olvidan
La depreciación en línea recta se calcula con una fórmula que cabe en un renglón: depreciación anual igual al costo del activo menos su valor residual, dividido entre los años de vida útil. Tres datos, una división, y listo. Si compras mobiliario de oficina por 50.000, estimas que al final de su vida podrás venderlo en 10.000, y calculas que te durará 10 años, entonces tu base depreciable es de 40.000 (los 50.000 menos los 10.000 de residual), y tu depreciación anual es de 4.000 cada año durante una década.
El detalle que muchos pasan por alto está en el valor residual. Es tentador ignorarlo y simplemente dividir el costo total entre los años, pero eso infla la depreciación y distorsiona tus números. El valor residual, también llamado valor de rescate o de salvamento, es lo que estimas que valdrá el activo cuando dejes de usarlo. Solo debes depreciar la parte del valor que realmente vas a consumir, no la que recuperarás al venderlo. Para equipo de cómputo, que se vuelve obsoleto rápido, el residual suele ser cercano a cero. Para vehículos y maquinaria, que tienen mercado de segunda mano, puede ser una porción relevante del costo. Estimarlo bien es parte de hacer las cosas con seriedad. Eso sí, como veremos, la depreciación fiscal en países como México suele ignorar el valor residual por completo, y esa es la primera grieta entre el mundo contable y el fiscal.
Depreciación contable contra depreciación fiscal: la distinción que lo cambia todo
Aquí está el corazón de la depreciación, el concepto que separa a quien la entiende de quien solo la calcula a medias. En cualquier empresa formal existen dos depreciaciones distintas para un mismo activo, y viven en dos mundos con reglas diferentes. La depreciación contable se rige por las normas de información financiera, la NIF C-6 en México, las NIIF en gran parte de la región, el Plan General Contable en España, y su objetivo es reflejar el desgaste económico real del bien. Usa la vida útil que tú estimas de verdad, resta el valor residual, y busca que tus estados financieros muestren cuánto vale realmente tu activo.
La depreciación fiscal, en cambio, se rige por la ley del impuesto sobre la renta de cada país, y su objetivo no es la exactitud económica sino determinar cuánto puedes deducir de impuestos. Usa porcentajes máximos fijados por ley, aplicados sobre el costo, y normalmente sin valor residual. En México los fija el Artículo 34 de la LISR; en Perú, el Reglamento de la LIR a través de SUNAT; en España, las tablas de la AEAT. El problema, y la razón de que este tema genere tantos errores, es que estas dos depreciaciones casi nunca coinciden. Una laptop puede depreciarse fiscalmente al 30% anual en México, agotándose en poco más de tres años, mientras que en la realidad contable la sigues usando cinco años. Esa discrepancia no es un error: es esperada, es normal, y tiene consecuencias fiscales concretas que un buen contador sabe manejar. Por eso hay que llevar ambas en paralelo, y por eso esta calculadora tiene un modo comparativo que las calcula al mismo tiempo.
Las tasas del SAT y las trampas que esconden
En México, las tasas fiscales de depreciación del Artículo 34 de la LISR son el punto de partida de todo cálculo fiscal, y conviene conocerlas: edificios y construcciones al 5% anual, lo que significa depreciarlos en 20 años; mobiliario y equipo de oficina al 10%, diez años; equipo de transporte, incluidos automóviles, al 25%, cuatro años; equipo de cómputo al 30%, poco más de tres años; maquinaria industrial general al 10%; herramientas y dados al 35%. El periodo se obtiene dividiendo 100 entre el porcentaje. Todo se calcula por línea recta sobre el Monto Original de la Inversión, sin valor residual, y en México con la particularidad de que la deducción se actualiza por inflación mediante el factor INPC al cierre del ejercicio.
Pero dentro de estas tasas se esconde una de las trampas más caras y menos conocidas: el tope de los automóviles. El Artículo 36 de la LISR limita el monto deducible de un auto a 175.000 pesos si es de combustión, y a 250.000 si es eléctrico o híbrido. Esto significa que si tu empresa compra un automóvil de 400.000 pesos, solo puedes depreciar fiscalmente sobre 175.000; los otros 225.000, aunque los pagaste de verdad y el auto lo usas para el negocio, jamás serán deducibles. Es un golpe que sorprende a muchos empresarios que compran vehículos de gama alta esperando deducirlos completos. Ojo con un matiz importante: los camiones de carga y las unidades de transporte de pasajeros no tienen este tope, solo los automóviles. El modo fiscal de esta calculadora aplica este límite automáticamente cuando eliges México y el tipo automóviles, y te muestra sin rodeos cuánto de tu inversión nunca podrás deducir.
La diferencia temporal y el ISR diferido, explicados sin jerga
Ya sabemos que la depreciación contable y la fiscal casi nunca coinciden. Esa diferencia entre ambas tiene un nombre técnico, diferencia temporal, y genera algo que suena complicado pero se entiende con calma: el impuesto sobre la renta diferido, regulado en México por la NIF D-4. La palabra clave es temporal: la diferencia no desaparece, solo se acomoda en el tiempo, y por eso hay que registrarla.
Veámoslo con el ejemplo más común. Compras una laptop de 30.000 pesos. Fiscalmente la deduces al 30%, es decir 9.000 cada año, agotándola en poco más de tres años. Pero contablemente estimas que la usarás cinco años, así que registras un gasto de 6.000 anuales. En los primeros años, tu deducción fiscal (9.000) es mayor que tu gasto contable (6.000): estás deduciendo más rápido de lo que en libros reconoces el desgaste. Esa diferencia de 3.000 al año, multiplicada por la tasa de ISR del 30%, genera 900 de impuesto diferido que debes reconocer. ¿Por qué? Porque hoy pagas menos ISR gracias a esa deducción acelerada, pero esa ventaja se revertirá: cuando la laptop ya esté fiscalmente agotada pero contablemente sigas depreciándola, la relación se invertirá. El impuesto diferido es simplemente el reconocimiento ordenado de que esa diferencia se compensará en el futuro. Un contador debe documentar esto formalmente, identificar si genera un activo o un pasivo diferido, y conservar su cédula de conciliación para el SAT. El modo comparativo de esta calculadora hace este cálculo por ti, mostrándote la diferencia temporal y el ISR diferido que genera.
Conviene cerrar con lo que de verdad le importa a un dueño de negocio, y es que la depreciación no es un ejercicio contable abstracto, es dinero. La depreciación fiscal es una deducción autorizada, lo que significa que cada peso que depreces se resta de tu utilidad gravable y reduce la base sobre la que pagas el impuesto sobre la renta. Si tu empresa deprecia 100.000 al año de su maquinaria, esos 100.000 bajan tu utilidad fiscal, y con una tasa de ISR del 30%, eso son 30.000 menos de impuesto ese año. Real, contante y sonante.
Y aquí está lo hermoso de la depreciación como herramienta financiera: es una deducción que no implica salida de efectivo. Cuando depreces, no sale dinero de tu caja; el desembolso ya lo hiciste cuando compraste el activo. La depreciación simplemente distribuye ese gasto ya realizado a lo largo de los años, permitiéndote reducir impuestos sin gastar de nuevo. Por eso los negocios bien administrados registran su activo fijo con cuidado y a tiempo: cada activo mal registrado, con la tasa equivocada o dado de alta tarde, es deducción perdida, es impuesto pagado de más. Un error frecuente en la pyme es que el contador reconstruye meses después el MOI, la fecha, la tasa y la depreciación acumulada de un activo que quedó traspapelado entre los gastos, y ese retraso cuesta dinero. Llevar la depreciación al día no es burocracia: es una de las formas más limpias y legales de mejorar tu flujo de caja. Esta calculadora te ayuda a hacerlo bien desde el principio.
¿Cómo funciona esta calculadora de Amortización Lineal?
La herramienta cubre los tres escenarios que de verdad necesitas, todos con aritmética de alta precisión mediante Big.js y con un selector de país que precarga las tasas fiscales oficiales y ajusta la moneda y el formato de cada mercado. Cada modo entrega la tabla de depreciación completa año por año, con la depreciación anual, la acumulada y el valor en libros.
Modo 1: Contable
La depreciación en línea recta clásica, la de tus estados financieros bajo NIF o NIIF. Introduces el costo del activo, su valor residual estimado y su vida útil real en años. La calculadora te da la depreciación anual y mensual, la base depreciable, y la tabla completa que muestra cómo baja el valor en libros año tras año hasta llegar al valor residual. Funciona igual para cualquier país, porque la fórmula contable es universal.
Modo 2: Fiscal
La depreciación para efectos del impuesto, según las tasas oficiales de tu país. Eliges el tipo de activo de un menú que precarga las tasas vigentes (SAT en México, SUNAT en Perú, AEAT en España, y así en cada país), introduces el costo sin IVA, y obtienes tu deducción anual y la tabla año por año. Para automóviles en México, la calculadora aplica automáticamente el tope legal de 175.000 o 250.000 pesos y te avisa cuánto del costo nunca será deducible. Es el modo que usas para tu declaración.
Modo 3: Comparativo
La herramienta del contador. Introduces los datos del activo una vez y la calculadora computa la depreciación contable y la fiscal al mismo tiempo, y te muestra la diferencia temporal entre ambas y el ISR diferido que esa diferencia genera, según la tasa de tu país. Es el cálculo que necesitas para tu conciliación contable-fiscal y para reconocer el impuesto diferido bajo NIF D-4. En los tres modos puedes descargar un PDF con la tabla completa y compartir por WhatsApp. Para completar tu gestión, la herramienta se enlaza con nuestras calculadoras de valor de salvamento y margen EBITDA.
3 Ejemplos Reales de Cálculo en México, Colombia y Perú
La depreciación se entiende cuando la aplicas a activos reales de negocios de la región. Estos tres casos muestran los tres modos y las trampas que engañan a la mayoría.
Camioneta de reparto en México
Una empresa compra una camioneta de $385.000 MXN sin IVA como equipo de transporte al 25%. ¿Cuánto deduce?
Se deprecia en 4 años
Sin tope: es transporte, no auto
Deducible al 100%
Maquinaria de taller en Colombia
Máquina de $100M COP, residual de $15M, vida útil de 10 años. ¿Cuál es su depreciación contable?
Dep. anual: $8.5M COP
Dep. mensual: $708.333 COP
Valor en libros baja a $15M
Equipo de cómputo en Perú
Laptops de S/30.000, vida contable de 5 años, tasa SUNAT de cómputo 25%. ¿Qué diferencia temporal genera?
Fiscal: S/7.500/año
Diferencia: S/1.500/año
ISR diferido: S/442.50
Cada caso enseña algo distinto. La camioneta mexicana revela un matiz que muchos ignoran: al clasificarse como equipo de transporte y no como automóvil, no le aplica el tope de 175.000, así que se deduce completa, algo que no ocurriría con un auto de lujo. La maquinaria colombiana muestra por qué el valor residual importa: sin restarlo, la depreciación estaría inflada un 18%. Y el equipo de cómputo peruano deja ver el juego contable-fiscal: como SUNAT permite depreciar al 25% (cuatro años) pero la vida real es de cinco, cada año se genera una diferencia temporal que produce impuesto diferido. Para redondear tu análisis de activos, combina estos resultados con nuestra calculadora de valor de salvamento, que te ayuda a estimar el valor residual que usa el modo contable, y con la calculadora de leasing, útil cuando evalúas comprar o arrendar el activo.
3 Consejos de Expertos para Negocios
Registra tus activos a tiempo: la deducción tardía es dinero perdido
El error más caro y más común en la pequeña y mediana empresa no es calcular mal la depreciación, es no registrarla a tiempo. La escena se repite en despachos por toda la región: el cliente compra una camioneta, unas computadoras o una máquina, la factura queda traspapelada entre los gastos del mes, y meses después el contador tiene que reconstruir el monto original, la fecha de adquisición, la tasa correcta, la depreciación acumulada y las pólizas. Ese retraso no es solo un problema de orden: afecta tu ISR, tu balanza y tus estados financieros, y muchas veces significa deducción perdida que ya no puedes recuperar del todo. La disciplina que recomienda cualquier contador serio es dar de alta cada activo fijo en el momento en que entra en operación, con todos sus datos, dentro de tu registro de activos, que en México es parte obligatoria de la contabilidad electrónica que debes tener lista para el SAT. Sin ese registro, en una auditoría la deducción puede ser rechazada por completo. Un minuto de captura ordenada al comprar el activo te ahorra meses de reconstrucción y protege una deducción que es dinero real. Usa esta calculadora al momento de la compra para dejar documentado el cálculo desde el día uno.
Nunca confundas la depreciación fiscal con la contable
El error conceptual que más dolores de cabeza causa es tratar la depreciación como si fuera una sola. No lo es, y confundirlas lleva a estados financieros equivocados, a declaraciones mal hechas y a sorpresas en las auditorías. La depreciación fiscal existe para calcular tu impuesto y usa las tasas rígidas de la ley; la contable existe para reflejar la realidad económica y usa la vida útil verdadera del activo. Un ejemplo concreto: si aplicas la tasa fiscal del 30% del equipo de cómputo también en tu contabilidad, estarás depreciando tus laptops en poco más de tres años cuando en realidad las usas cinco o seis, lo que distorsiona tu resultado del ejercicio, haciéndolo parecer peor de lo que es en los primeros años y mejor después. La práctica correcta es llevar las dos en paralelo, calcular la diferencia entre ellas, y reconocer el impuesto diferido que esa diferencia genera. Sé que suena a trabajo doble, y lo es, pero es lo que exige hacer las cosas bien y lo que te protege ante el fisco. El modo comparativo de esta calculadora te da las dos cifras y su diferencia de un solo cálculo, para que la conciliación deje de ser un misterio.
Cuidado con el tope de autos y evalúa la deducción inmediata
Dos consejos fiscales que pueden ahorrarte o costarte mucho dinero. El primero: antes de comprar un automóvil a nombre de tu empresa en México, recuerda el tope del Artículo 36. Solo son deducibles 175.000 pesos de un auto de combustión, o 250.000 si es eléctrico o híbrido. Si compras un auto de 500.000, más de la mitad de esa inversión jamás bajará tu impuesto. Muchos empresarios descubren esto demasiado tarde. Si necesitas el vehículo para el negocio y quieres maximizar la deducción, a veces conviene evaluar un vehículo dentro del tope, o valorar si califica como equipo de transporte (camiones, unidades de carga) que no tiene este límite. El segundo consejo: investiga si tu caso califica para la deducción inmediata. En México, ciertos contribuyentes pueden, en lugar de depreciar año por año, deducir un porcentaje mucho mayor del costo en el mismo ejercicio de la compra, mejorando su flujo de caja de forma notable. No siempre está disponible ni conviene en todos los casos, pero cuando aplica, puede ser una ventaja fiscal considerable. Ambas decisiones, el tipo de vehículo y el método de deducción, conviene tomarlas antes de comprar, con tu contador, no después. Planear la depreciación es planear tus impuestos.
16 Preguntas Frecuentes (FAQs) sobre la Depreciación de Activos
¿Qué es la amortización lineal o depreciación en línea recta?
¿Cuál es la diferencia entre depreciación y amortización?
¿Qué diferencia hay entre depreciación contable y fiscal?
¿Cuáles son las tasas de depreciación del SAT en México 2026?
¿Qué es el tope de deducción de automóviles en México?
¿Qué es el valor residual y cómo lo estimo?
¿Qué es la diferencia temporal y el ISR diferido?
¿Cuándo empieza a contar la depreciación de un activo?
¿Se deprecia el IVA del activo?
¿Puedo depreciar un activo usado o de segunda mano?
¿Qué pasa si vendo un activo antes de depreciarlo por completo?
¿Existe la depreciación acelerada o deducción inmediata?
¿La depreciación lineal sirve para todos los países de LatAm?
¿Por qué usar el método lineal y no otro?
¿La depreciación reduce mis impuestos?
¿La calculadora usa datos oficiales y actualizados?
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Aviso Legal y Transparencia Editorial
Herramienta orientativa con fórmulas estándar
Esta calculadora de amortización lineal y depreciación de activos fijos es una herramienta informativa y educativa dirigida a dueños de negocios, emprendedores, contadores, administradores y responsables financieros de América Latina y España. Las fórmulas empleadas (la depreciación en línea recta como el costo del activo menos su valor residual, dividido entre la vida útil, para el modo contable; y el porcentaje anual oficial aplicado sobre el costo, para el modo fiscal) son estándares reconocidos de la contabilidad y matemáticamente exactos, y operan sobre los datos que tú introduces de tus propios activos. Las tasas fiscales precargadas (como el 5% para edificios, el 25% para equipo de transporte, el 30% para equipo de cómputo o el 10% para maquinaria en México, conforme al Artículo 34 de la Ley del Impuesto sobre la Renta; las tasas del Reglamento de la Ley del Impuesto a la Renta de Perú administradas por la SUNAT; y las tablas de amortización de la Agencia Tributaria en España) corresponden a la normativa de referencia vigente para 2026, y el tope de deducción de automóviles de 175.000 pesos para vehículos de combustión y 250.000 pesos para eléctricos e híbridos proviene del Artículo 36 fracción II de la LISR mexicana. Sin embargo, las tasas fiscales, los topes de deducción y su tratamiento cambian según el país, el tipo de activo, el sector y las reformas legales vigentes, y existen particularidades relevantes (la actualización por el factor INPC en México, la depreciación por componentes de la NIF C-6, la deducción inmediata del Artículo 220, las tasas específicas por sector industrial, y las reglas propias de cada país) que esta herramienta no cubre en su totalidad. Los resultados son estimaciones orientativas y de carácter educativo, y no constituyen asesoría contable, fiscal, financiera ni legal. Para el cálculo exacto de la depreciación de tus activos, tu conciliación contable-fiscal, el reconocimiento del impuesto diferido y la presentación de tus declaraciones, consulta siempre a un contador o asesor fiscal profesional y verifica la información vigente en la autoridad tributaria de tu país, como el SAT (México), la DIAN (Colombia), ARCA (Argentina), el SII (Chile), la SUNAT (Perú) o la Agencia Tributaria (España).